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Mostrando las entradas de octubre, 2024

¿Cómo llorar?

Para B. y Rodrigo M., por las marcas del lenguaje –No llores más. Y lloro más para contrariar.  Mi lluvia no aprendió a detenerse bajo el paraguas de ningún ser: ni del pasajero en el metro, ni del mesero en el restaurante. Mis lágrimas son un granizo que parte la indiferencia. Aunque a llorar se aprende. Se colorean mandalas de tristeza una tarde y luego se pintan óleos de felicidad por la noche. Hay que saber de dónde viene el llanto o terminamos con una obra pobre que solo hace que sobreviva una incomodidad en nuestro espíritu acuoso. Para saberlo, acudir a la memoria y a los sentidos. El motor de las lágrimas son imágenes, como en la literatura. Entonces, llorar con recuerdos para reconocer el sentimiento: una calle que huele al ataúd de mi abuela; una alfombra que se siente como mi perro inválido; una carta que tiene la voz de mi amado; un elogio que se escribe sonriendo; el timbre de la puerta del metro en bucle; un hacha de sueños que me degolla.  Llorar debe ser satisf...

Envidia o de ósculos y danzas

La fiesta en la que estábamos ya me había exasperado, tome para que todo girara y, al menos, tuviera un sentido (o lo perdiera). Vi a Roy besar por montones; sus finas facciones y sus patillas de Iturbide estaban acostumbradas a conquistar. Aldo y Val por el otro lado se amaban, jugaban con la eternidad, en un beso se perdían. Y, Franco bailaba con cualquier extraño que se dejara: sus piernas y caderas eran de cubano. Me arrinconé entre las bocinas para gritar. Me resbalé y quedé tirado en cuclillas entre cerveza y gomitas. No tenía la belleza colonial, ni la fusión romántica, ni la pasión dancística, ¿entonces, qué hacía ahí? Era inservible. Ahora empezaba la rueda a girar. Vomité emociones y lágrimas. Me quería bajar. Me rasqué la piel hasta que se irritó. De pronto, tenía a todos mis amigos mirándome como se mira el ataque de un esquizofrénico. El día ya estaba arruinado y nos fuimos.  No hay otra palabra más que envidia. Si después me arrepentí o sentí deshonor era cosa del fut...